Sindrome De Domingo Por La Tarde
miércoles, 19 de julio de 2017
Conversación nocturna.
Cabe destacar que el sillón ya no era sillón, el sillón ya era una cama, de las mascotas de la casa.
El tiempo que pasaba viajando era el mismo que pasaba durmiendo, ya no me divertía intercambiar miradas con extraños, escuchar alguna que otra canción, cerrar los ojos e imaginar que estaba tocando en algún bar con mi mejor amiga. El té se seguía enfriando, escuchaba perros ladrar en la vereda; me asomaba lentamente, veía gente extraña pasar, ya eran las 01:30 y el sueño no llegaba.
Chequeaba mails para hacer tiempo, me preparaba otro té, no quedaba más té, no se tomaba más té.
Revisaba la alacena, encontraba un té verde, de esos que parecían mate cocidos pero dicen ser té, era como la malta y el café, como el algodón y el cachemir, o como la milanesa de carne y la de soja. Todas imitaciones de algo que no eran.
Tomaba un sorbo de té, sabía raro, pero lo seguía tomando, no venía el sueño, ella dormía, las mascotas dormían, la ciudad dormía. ¿Por qué no podía dormir yo? ¿Será que estaba esperando que algo suceda? Que aparezca mágicamente esa sensación de sueño como cuando viajaba en los colectivos, o como cuando estaba cursando y odiaba que llegue en ese momento, o como cuando iba a reuniones que no me hacían sentir cómodo.
Se volcaba el té en el sillón, lo miraba con desprecio, de todos modos era horrible, pero era el único té que me quedaba, secaba el sillón con una remera vieja, casi pijama, la hacía bollito, la dejaba al lado de mis pies.
Ya ni se escuchaban los autos, ya no había ningún té que tomar, todos dormían, la ciudad dormía, ella dormía
Dormir sería algo que no me estaría dejando dormir en este instante, pero que seguro cuando logre dormirme, en mi sueños también me va a costar quedarme dormido.