Sindrome De Domingo Por La Tarde
viernes, 22 de abril de 2016
Inocencia
Junto a mi fiel amigo canino desde el sillón despliego un mar de palabras que no encuentran sinsentido alguno, que encuentran la locura de la noche que tiende a ser tan sana como aquél té de menta que con un vaivén de sombras y sobremesas cotidianas podría enfriarse tan rápido como el sueño aproximándose a mis párpados pequeños.
David trabajaba por el día en un bar de mala muerte, la mayoría de los días estaba completamente vacío, usaba ese tiempo para darle realidad a sus sed de ilusiones infinitas de ser un músico, un escritor exitoso o un nómade de corazón y alma. Que cuando cerraba los ojos se imaginaba un día estaba en Nepal, otro en Francia u otro en Republica Checa.
Él no sabía de realidades, siempre en su nube como esos niños llenos de inocencia e ignorancia por el mundo de los adultos, creyendo que la libertad es algo que se puede comer, o sentir la lluvia con un agrado increíble, en el que cada gota caía debajo de sus cabellos color castaño casi como advirtiéndole a David que realmente no sabía sí todo era un juego,
Un día decidió hablar con su niño interior, mientras tomaba uno de esos té que tanto le gustaba en una plaza cercana a Congreso. Aquel niño le pregunta ¿Por qué no creces como los otros mayores?
David anonadado casi con la misma mirada que ese ser pequeño le otorgaba gratuitamente y le contesta, que la música en todo momento no lo dejó crecer, que este vano correr tras lo imposible, que esta sociedad de hombres navegantes en un mar de banalidades baratas no eran su objetivo en la vida, que las cosas que él solía ver en todas aquellas ventanas sentimentales de otras personas no le agradaba y sin embargo sentía algo de empatía sobre ellas.
Debió contemplarlo unos minutos y sin comprenderlo le vuelve a hacer otra pregunta el niño ¿Por qué sos tan infantil?
David, desde su postura no entendió a qué se refirió el niño, aunque logró responderle casi balanceándose sobre su propia culpa, le dijo: Mirá, pequeño yo, la vida parece tan simple como receta de torta de cumpleaños, pero realmente no es así. La vida tiene esos ingredientes que parecen fácil de adquirír y mezclar, hasta obtener un resultado agradable. Aunque no del todo claro uno se va desilusionando en cada paso que da para lograr cocinar el pastel de la vida. Familia, amigos, novias, ex novias, mascotas, un alquiler, un matrimonio, un divorcio, una muerte, una vida, un espejismo, realidades manipuladas por otras realidades, un trabajo en el cual uno se frustra, otros en los cuales ama cada minuto el estar en el. Todos y cada uno de esos "ingredientes" no pueden ser combinados para cocinar la vida, pero cuidadosamente pueden ser seleccionados sutilmente, hasta encontrar los correctos. La vida es una cocina, y a veces no a todos nos gusta cocinar...
El niño sin entender absolutamente una palabra de lo que David le explicó sobre la vida, le hizo una última pregunta ¿Por qué elegís las plazas?
En las plazas, pequeño entrometido(ya con una mirada taciturna, David con desdén le explica:
Las plazas siempre fueron mi hogar, repletas de personas totalmente desconocidas, uno se siente tan solo y tan rodeado de gente al mismo tiempo, con lo único que puedo charlar es con algún libro de turno que lleve en mi maletín, es todo lo que tengo en este momento, esa es mi mayor riqueza, los libros.
El niño le da la espalda y David sin motivo alguno, sabe que en algún punto aquel niño era menos niño que él....
Continúa...en algún momento
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