Sindrome De Domingo Por La Tarde
lunes, 9 de noviembre de 2015
Del viento.
Él ya miraba a otros con aire de desprecio, hasta el punto en que aborrecía el estilo de vida de los demás.
Julio era de esos tipos enojados con la vida, la vida jodida, esa vida que no sabía vivir.
Él se dedicaba al rubro de los inmuebles, e irónicamente no era propietario, alquilaba un monoambiente en balvanera que había adquirido gracias a un compañero que se lo ofreció después de su separación con su segunda ex mujer. Sin hijos, supo convivir con esa soledad, que por las tardes de café o esas noches de cabernet le dolían como cuando un niño accidentalmente se golpeaba con algún mueble al punto de lagrimear.
Aquella tarde de otoño decidió armar una valija, dejó puesta la llave del lado de afuera del departamento y dejó pegada una nota en la puerta con la inscripción "no vuelvo, me fui a ser feliz".
Ese día no fue a trabajar, su celular ahogado en la bañera trataba de sonar como una campana distante en algún pueblito perdido en el campo.
Llegó hasta Retiro y se acercó a la primer boletería que divisó, encaró diciendo: "deme un boleto para el primer micro que salga, pero no me diga el destino" El vendedor le otorga el boleto boca abajo y le indica el número de la plataforma en donde partía el micro, sin mencionarle ningún otro detalle.
Al pasar 20 minutos, Julio escuchó por los altoparlantes el número de plataforma, pero antes que anuncien el destino con todas sus fuerzas acercó sus manos hacia sus oídos con total infancia, para no oír hacia dónde se dirigía el micro.
Tomó su valija y se la dio al muchacho que las cargaba, le da varios billetes de 100 y algo de cambio. El muchacho no entendió de que se trató esa caridad pero sin ninguna objeción, no cuestionó esa acción. Solo se limitó a agradecerselo con una sonrisa y un "Gracias, don!"
Uno de los choferes le cortó el boleto y le indicó el número de butaca, Julio se subió con todo entusiasmo, pero a los 10 minutos se durmió.
Cuando despertó, sintió un dejo de felicidad y melancolía, mirando el paisaje pensó: "Las personas somos como las hojas, como dice el tema de Spinetta...todas las hojas son del viento..."
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