Sindrome De Domingo Por La Tarde
lunes, 3 de junio de 2019
Palabras
Creo que uno jamás deja de escribir, las palabras siempre están presentes dentro de uno, la necesidad imperiosa de plasmarla en escritos digitales o análogos es de cierto modo hacerlas eternas a esas palabras que quizás son efímeras en nuestras mentes...
Acá me encuentro de nuevo conmigo mismo, develando el misterio de la adultez, las responsabilidades, las crisis de los treinta y algo, deprimiendome por algo que tiene solución parcial quizás.
Dentro de esta adultez, mí niño interior sigue presente, con las mismas ganas de jugar, de amar, de ser amado, y por sobre todo, de querer vivir la vida lo más pleno posible.
Actores en esta vida, mortales mezclados con fábulas de sueños fabricados por redes sociales que venden vidas perfectas, pertenecer a esa falsedad a uno no le hace gracia, tampoco las anhela, simplemente uno trata muy de a poco de desintoxicarse de todo eso.
Hoy pensaba en un conocido que está hace mes y medio viajando por India y Nepal, es él, algunas personas más y la vida, las experiencias y vivir. Nada de sueños de teatro, nada de contaminación digital, nada de posar para la selfie con más líkes de internet. Simplemente vivir.
Estamos en una etapa en la que todo está expuesto (hasta este escrito) y nos estamos olvidando de vivir, de dejar estas pantallas que nos mantienen alejado del paisaje, viendo el paisaje dentro de la pantalla, cómo si fuésemos nosotros un pixel más dentro de esta realidad virtual, en la que olvidamos el olor al pasto mojado, a la brisa de primavera, acariciar a tu mascota y salir a pasear bajo el sol.
Crisis de los treinta dos, volví a la escritura, creo que voy a empezar a hacerle caso a Stephen King, que en su libro "Mientras escribo" rezaba algo así como que jamás dejemos de escribir, que siempre habrá algo para decir, algo para contar, y algo por qué vivir.
Juano.
miércoles, 19 de julio de 2017
Conversación nocturna.
Cabe destacar que el sillón ya no era sillón, el sillón ya era una cama, de las mascotas de la casa.
El tiempo que pasaba viajando era el mismo que pasaba durmiendo, ya no me divertía intercambiar miradas con extraños, escuchar alguna que otra canción, cerrar los ojos e imaginar que estaba tocando en algún bar con mi mejor amiga. El té se seguía enfriando, escuchaba perros ladrar en la vereda; me asomaba lentamente, veía gente extraña pasar, ya eran las 01:30 y el sueño no llegaba.
Chequeaba mails para hacer tiempo, me preparaba otro té, no quedaba más té, no se tomaba más té.
Revisaba la alacena, encontraba un té verde, de esos que parecían mate cocidos pero dicen ser té, era como la malta y el café, como el algodón y el cachemir, o como la milanesa de carne y la de soja. Todas imitaciones de algo que no eran.
Tomaba un sorbo de té, sabía raro, pero lo seguía tomando, no venía el sueño, ella dormía, las mascotas dormían, la ciudad dormía. ¿Por qué no podía dormir yo? ¿Será que estaba esperando que algo suceda? Que aparezca mágicamente esa sensación de sueño como cuando viajaba en los colectivos, o como cuando estaba cursando y odiaba que llegue en ese momento, o como cuando iba a reuniones que no me hacían sentir cómodo.
Se volcaba el té en el sillón, lo miraba con desprecio, de todos modos era horrible, pero era el único té que me quedaba, secaba el sillón con una remera vieja, casi pijama, la hacía bollito, la dejaba al lado de mis pies.
Ya ni se escuchaban los autos, ya no había ningún té que tomar, todos dormían, la ciudad dormía, ella dormía
Dormir sería algo que no me estaría dejando dormir en este instante, pero que seguro cuando logre dormirme, en mi sueños también me va a costar quedarme dormido.
lunes, 22 de mayo de 2017
Las palabras...
En cierta medida desvalorizamos esa palabra, ese sentimiento, esa necesidad de sentir hacia algo o alguien, necesariamente todos necesitamos amar, en menor o mayor medida todos buscamos un amor, eso que llamamos empuje emocional, eso que a veces nos acerca a ese abismo en el que nos encontramos de vez en cuando y lo que hace ese "amor" es empujarnos y lanzarnos hacia esa caída, desde lo más alto de nuestras vidas para poder sentir todo más de la cuenta, para ver como desde el amor se construyen edificios de grandes dimensiones que representan nuestro futuro, nuestro presente y que con cada centímetro que caemos dejamos atrás nuestro pasado, para ir llenando el alma de valentía y así seguir hacía adelante, hasta finalizar ese precipicio y chocar con esa realidad idealizada por cada uno de nosotros.
lunes, 20 de febrero de 2017
Desde cero
Era invierno y decidieron refugiarse en aquel bar de San Telmo que tanto habían frecuentado hace años, hoy después de mucho tiempo volvieron a frecuentar esa misma mesa que tanto los vio reír y llorar de tristezas y de alegrías
Victoria con su tapado de terciopelo que le hacían juego con sus ojos color esmeralda, tenía planeado irse de vacaciones un tiempo a Australia, mientras Flavio decidía como encarar la beca que le habían otorgado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Ellos llevaban ya casi diez años de casados.
-Me parece que es una oportunidad de que hagas las cosas bien, digo, de que hagas al fin algo que te haga bien- decía ella mientras le agregaba un hielo a su copa. "Sacrilegio de Dios, es un reserva 2012" mencionaba él, casi ofuscado pero con media sonrisa en su rostro Mientras apoyaba su cara en la ventana del bar, viéndola desde el reflejo como se quitaba su tapado a causa de la temperatura del alcohol.
-De todos modos, creo que estamos en una etapa en que deberíamos hacer estas cosas. Ya pudimos comprarnos una casa, me pude recibir de Historiador y la beca no puedo dejarla pasar, vos ya pudiste hacer todo esto mucho tiempo antes que yo, creo que es una oportunidad que debería aprovechar.
-Es verdad, dijo ella, la vida es algo que solo pasa una sola vez, un momento perdido en el tiempo es lo que somos, una ínfima existencia en toda esta gran pelota llamada planeta tierra.
De haber sabido que nos íbamos a separar unos meses a tanta distancia hubiéramos aprovechado en salir más y ver más cosas en el mundo exterior, nos encerramos mucho en nuestras burbujas.
-Tal cual, exclamó él, pero cuando vuelva podemos volver a ser como antes, como cuando veníamos todos los findes acá, birra, maní y muchas risas. Caminar por todo San Telmo de noche, perdernos y volver a reírnos de por qué no pedimos otra ronda más de cerveza mientras Ricardo(el mozo que nos conocía desde siempre) cerraba el local con nosotros adentro, presumiendo que no nos íbamos a quedar a dormir adentro del bar.
-Bueno, se acabó el vino, Vicky, vamos yendo?
-Dale, al final no hablamos sobre que vamos a hacer durante estos meses.
-Como diría mi querido Bogart, "Siempre nos quedará el Skype..."
martes, 25 de octubre de 2016
Avanzar.
Pero este es más grande que una billetera,
Y la billetera termina siendo más grande que el corazón.
Ganando premios de egolatría barata.
En tiempos de lecturas simples, de metáforas complejas y lectores analfabetos.
martes, 18 de octubre de 2016
De zurdos y de suerte.
La mala racha se avecina y seguimos tirando sal en esta cueva de vampiros diurnos, sin ristras de ajo ni buenos augurios que soplen a la vuelta de la esquina.
Horacio se encontró sentado en aquel sofá de terciopelo verde en una de esas casonas antiguas convertidas en Starbucks, observó toda la arquitectura tan hermosa, se preguntó como había acabado tal casa aristocrática en un sucucho para gente que no sabe distinguir entre un cuadro de Monet y otro de Manet.
Mientras él escribió en su libreta color ocre anotaciones para su próximo libro, en aquella mesa tipo de escritorio de 3 pies, que era tan diminuta que solo cabía su café doble expreso, que de expreso solo tuvo el nombre, acabó esperando en fila y caja unos 25 eternos minutos hasta poder recibir dicha infusión y posicionarse en el único lugar disponible en aquella "mansión/local".
"Arte, corrompido, hombre, destino, historias" todas palabras trilladas y sin argumentos que no le inspiraban absolutamente nada, arrancó la hoja y la terminó usando de apoya vasos dibujando un perfecto círculo de humedad.
Zurdo desde que nació, siempre sufrió las complicaciones de un mundo para derechos, derechos que no existían, derechos que no se ejercían y zurdos que eran nadies. Desde escribir sus primeras palabras en el colegio hasta abrir una lata de atún, "zurdo pero no inútil" enunciaba en cada triunfo en este mundo de derechos, de centros pero jamás de zurdos.
Volvió a su libreta y escribió "tengo sueño y no es un sueño..." ese iba ser un comienzo extraño para cualquier relato, pero al menos ya tenía algo. "You must believe in spring" de Bill Evans sonaba en sus auriculares, aunque solo del lado izquierdo, como su mano y su lápiz, o como su mano y su expreso doble, o como su mano y su otra mano.
Decidió levantarse sin terminar su café hasta aproximarse a la caja y con una sonrisa que no se llegaba a completar en su rostro, le entregó una pequeña servilleta a la peliroja de 1,60 de altura que manejaba la caja. Ella lo toma y con un tímido gracias lo recibe,
Horacio cruza la puerta, se levantó el cuello del piloto azul infinito y su figura fue desvaneciéndose en esa fina llovizna primaveral...Mientras la chica de la caja se quedó pensando en el pequeño papel que recibió de un hombre extraño, más lo leía y más se hipnotizaba viendo por la ventana una lluvia extraña...
Aquel papel enunciaba: "Debes creer en la Primavera"
Juano.
lunes, 3 de octubre de 2016
Vivo
Eran la una de la tarde y recién me despertaba. Daba bronca tanto silencio...
Salgo a la calle para tomarme el bondi, durante el viaje observo lo que antes no: gente haciendo cosas.
Algo tan común como la cotidianidad, personas paseando, parejas, solteros, gente mayor, todas además de ir o haber salido de sus trabajos disfrutan de la "estación del amor".
Después de aquel viaje en que conocimos otros países, otras culturas y en especial a nosotros mismos en otro territorio me di cuenta de algo increíbe pero real: estamos vivos.
Una sensación que todavía perdura, una chispa que se encendió nuevamente, el querer aventurarse a cosas nuevas, comenzar a proyectar y concretar cosas que uno posterga por excusas tontas de la vida diaria, como volver a ser un niño y tener el entusiasmo propio de ellos al conocer cosas o lugares nuevos.
Hacer las cosas bien—hacer las cosas mal—hacer las cosas.
El mundo sigue rodando, aunque no es la tierra que gira, es el Sol que sale.