Sindrome De Domingo Por La Tarde

jueves, 11 de junio de 2015

Plano secuencia

Ese dia Carlos empezaba la facultad y ya llegaba tarde. Hacía 6 meses que habia terminado el secundario en la nocturna y todavía no sabía como afrontar aquél día.
Decía que se iba a preparar para este momento pero jamás lo hizo.
Caminaba por los pasillos de la UBA buscando el aula de su clase, ya habían transcurrido 25 minutos del comienzo de la materia, esto me pasa solo a mí, se decía rascándose la cabeza. Daba tantas vueltas que había pasado por el mismo lugar unas doce veces. Jamás se dio cuenta.
Con su mirada tan perdida y esos ojos vestidos de almendras, observaba cada puerta con desconfianza y preguntaba a todo aquel que pareciera docente, invadido de vergüenza interrumpe a alguien que se encontraba tomando café parado al pié de una maquina andrajosa que no se sabía si suministraba aceite para motocicletas o infusiones varias: "Disculpe, el aula del profesor Manzotti?" el tipo de saco color caqui le señala la puerta que se encontraba detrás de él Se y dispuso a entrar al aula.

Durante la clase de capacitación ética  el profesor le indicó que la próxima llegada tarde no sería tolerable, Carlos, quedó tan colorado que casi se mimetizó con el matafuegos que se encontraba al costado de la puerta. Se logró acomodar en la silla de una madera muy gastada, que rechinaba y se movía a desnivel sus cuatro patas. Recordaba que algo de lo que hablaba el profesor lo había visto en otro momento, se sintió aliviado. Bueno, tan mal no me puede ir hoy después de todo, suspiraba en su conciencia

Terminó la clase, salió de la Facultad y fue para la boca del subte de la estación Puan, hasta que ese señor del saco color caqui tan a la moda lo para y le pregunta " Disculpe, joven. Ud cursó el secundario en el colegio de Ayacucho y Las Heras?" a lo que contestó con un sí tan seco que la lengua pareciera llena de arena.
El señor le comentó que fue profesor en ese colegio, Carlos solo se limitó a mirarlo y decirle "jamás lo vi. Disculpe, es tarde y se me va el subte". Trastabilló un par de escalones hacia la estación, mientras escuchaba por el alto parlante: "servicio cancelado por huelga gremial". Genial, ahora me subo al 55 que es lo mismo que subirse a una calesita, exclamaba en ese mismo momento veía irse uno vacío al finalizar la escalera mecánica que daba a la Av Rivadavia.
En la espera y con la parada llenándose de gente que quería regresar tan rápido a su casa como él, pensaba una estrategia de cómo conseguir asiento en caso de que vinieran todos ocupados, le suena el celular, su saldo está por agotarse indicaba el sms proveniente de la compañía telefónica.
Justo cuando se distrae viendo a una pareja muy empalagosa llega el colectivo, para su suerte casi vacío. Se sienta en esos que solo constan de un asiento y medita como fue su primer día en la facultad. Se sentía muy confundido.
Al llegar a la casa, se deshace de todos los bártulos que llevaba consigo: campera, bolso, bufanda, zapatillas, etc. Cuando se disponía a guardar los abrigos en el placard, se detiene a mirar detenidamente cada prenda. No lo puede creer, ve algo que le desagrada y le recuerda el día de hoy. Lo saca de la percha, lo dobla con desinterés sin mirarlo y lo tira al cesto de basura que se encontraba en la cocina. Sí, indefectiblemente,  encontró un saco de color caqui...

posted by Juano Monzón at 0:37

0 Comments:

Publicar un comentario

<< Home