Sindrome De Domingo Por La Tarde

miércoles, 6 de mayo de 2015

Potrero emocional.

Cuando tenía 10 años admiraba mucho a unos vecinos que jugaban muy bien al fútbol. Siempre me invitaban y yo muy tímido iba pero solo me limitaba a quedarme en el arco o de 2.
Fuimos creciendo todos juntos y manteniendo esa sana costumbre de jugar todas las tardes a ese deporte que tantas veces nos hacía pasar momentos más que divertidos, yo seguía siendo malísimo (ahora jugaba de 5) igual me solía divertir.

Recuerdo perfectamente ese día como si fuera hoy, una tarde de Febrero me dicen "Hoy jugás de 9", no tenía muchas opciones, dado que si abandonaba el encuentro, no se podía seguír el mismo ya que iba a faltar un jugador en nuestro equipo. Con una dificultad tan a flor de piel por llevar esos lentes que hacía un mes comenzaba a usar cada tres pasos que daba se me caían, no lograba poder controlarlos hasta tal punto de creer que tenían vida propia. Los buscaba entre botines y tierra que se me cruzaban, hasta que pude ponérmelos y poder seguir el juego.

Ya con los lentes sobre mis narices, que  eran tan incómodos corría y corría hasta quedarme sin aire por momentos. Mi cuerpo que era tan frágil, pequeño como una flor presenciando su primer tormenta.

Me caía, ellos me empujaban. No lograba divisar el pequeño esférico de trapo casi sin color con el que solíamos jugar todas las tardes, me gritaban "dale enano, corré" .En un momento del encuentro me paro frente al área grande, veo como uno de mi equipo tira un centro que se eleva en el aire con dirección hacía mi. Trato de dominar la pelota con una torpeza exquisita, pasa sobre mi cabeza y veo que rebota en uno del equipo contrario, la agarro, veo al arquero. En el momento de tirar al arco, alguien me empuja y se pierden los lentes como aquel Sol se perdía en ese atardecer.

Veía muy poco, me arriesgo a tirar, la pelota pega en el travesaño. Rebota y con mi poca fuerza pero mucha voluntad cabeceo hasta que logra entrar, gol(sí, gol!).

Uno de los chicos que hacía las veces de árbitro marca el final del partido, Sin darme cuenta me convertí en un héroe por accidente, ganamos gracias a un gol convertido por este niño con lentes que luchaba por jugar como los demás, sin dificultades. Pero en el momento que los perdí, se dió la situación que desencadenó en nuestra victoria.

Yo mientras seguía buscando mis lentes, los demás habían llegado a sus hogares. Me preocupaba mucho más volver a casa con ellos que con la gloria de haber salvado una tarde futbolera de Febrero, que se acababa con el manto del anochecer.
posted by Juano Monzón at 19:08

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